Albert Einstein [1879-1955]
"No puedo creer que Dios juegue a los dados con el Universo"
A la edad de veintiséis años, Albert Einstein
publicó su teoría de la
relatividad. Poco después se dijo que sólo había
doce hombres suficientemente
inteligentes para comprender sus implicaciones. Cuarenta años
más tarde,
cuando la fuerza aérea de los Estados Unidos arrojó
la bomba atómica en
Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, ochenta mil personas murieron
como el
resultado de la aplicación de sus complicados razonamientos.
En esta época
todos estuvieron de acuerdo en que las teorías del
joven profesor habían
provocado la mayor revolución científica desde
tiempos de Galileo.
Nació el 14 de marzo de 1879, en Ulm, una pequeña
población de
Wurttemberg, situada en la Alemania bávara. La familia
de Einstein era
acomodada; el padre, ingeniero, era propietario de las instalaciones
generadoras
de electricidad de la población, pero los negocios
obligaron a la familia Einstein a
trasladarse a Milán, Italia, en 1894. La mayor parte
de la juventud de Albert, sin
embargo, transcurrió en Munich, donde recibió
su instrucción elemental. A
diferencia de la mayor parte de sus compañeros, el
muchacho no se interesaba
en los desfiles y glorias militares de la nueva Alemania;
alejándose del espíritu
belicoso reinante, encontró cobijo en la serenidad
de Beethoven y Mozart, y en
los libros de filósofos. A los quince años conocía
perfectamente las obras de
Euclides, Newton y Spinoza y se había ganado el apodo
de "El Viejo Aburrido". A
los diecisiete años estudió en la Escuela Politécnica
de Zurcí, en Suiza, y ,
aunque su padre le instaba a aprender un oficio, tal como
el de ingeniero
electricista, el joven Einstein decidió explorar el
mundo de la ciencia, un mundo
de orden en agudo contraste con el agitado mundo de los negocios,
lleno de
rivalidad. Se daba ánimo con un pensamiento de Emerson:
"Si un hombre se
afirma inquebrantable en sus convicciones, el mundo girará
en su entorno".
Decidió especializarse en matemáticas y física.
Asistió a la universidad de Zurcí,
a la vez que enseñaba en el instituto de Enseñanza
Superior de esa ciudad, y, un
poco mas tarde, en una escuela de Schffhausen. A los veintidós
se hizo
ciudadano suizo, se casó con una antigua compañera
de estudios, Mileva Marec,
matemática por propio derecho, y trabajó en
la oficina de patentes de Berna.
Era un joven agradable y de bastante buena presencia, de un
bigote negro muy
cuidado y de cabello oscuro, pulcramente cepillado. Sólo
sus ojos le
diferenciaban del común de los jóvenes; sus
ojos eran pensativos y alegres a la
vez, animados por la energía, y de mirada intensa y
penetrante.